viernes, 28 de diciembre de 2012

Como en las películas de sobremesa, pidió uno doble y se fue a casa dando tumbos y con una oquedad que le atravesaba el esternón hasta perforarle el intestino grueso.
En las noticias de la noche siempre podía ver a alguien más desgraciado que ella y eso le entusiasmaba. Imaginaba que su vida sería así alguna vez. Alguien alertaría a la policía por el hedor, forzarían la puerta y encontrarían su cadáver putrefacto en el suelo, devorado por el gato. Entonces sus vecinos solo tendrían palabras bonitas para ella tipo 'era una buena chica', 'siempre saludaba en los rellanos' o 'nunca se retrasó en el pago de la cuota de la comunidad'.
Al menos se sentía joven, siempre se iba a la cama apestando a tabaco y alcohol.

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