Quería ser etérea, como el viento, como un suspiro de esos que decían más que las palabras hacinadas en su mente.
Quería ser lluvia, para convertirse en nieve. Nieve que ardía, para incendiar el esqueleto de su alma, hambrienta y en los huesos, como ella.
Quería ser, y fue, gris como el reflejo del fuego en sus pupilas.
viernes, 11 de enero de 2013
miércoles, 9 de enero de 2013
Había permanecido en letargo, sin saber durante cuanto, ya que el concepto tiempo era sumamente relativo aquí; podían haber pasado desde siglos hasta míseros segundos que habrían parecido toda una eternidad. Durante aquel tiempo su única compañía había sido el frío y su idioma el silencio. Observándolo todo desde la tranquila omnisciencia, todo aquello era ajeno a su existencia. Dolor, nostalgia, soledad… las grandes derrotas, no conocía la derrota, pero por ende tampoco la victoria.
Nunca había clavado las rodillas en tierra yerma pidiendo misericordia, pero tampoco se había alzado, con orgullo, vehemencia y euforia, hasta donde mueren las estrellas.
Nunca había clavado las rodillas en tierra yerma pidiendo misericordia, pero tampoco se había alzado, con orgullo, vehemencia y euforia, hasta donde mueren las estrellas.
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